Archivos Mensuales: abril 2014

OJALÁ

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Parchís de verbos con complemento de régimen verbal

Excelente propuesta del profesor Daniel Hernández. (www.profedeele.es)

¿Qué es el parchís? El parchís es un juego de mesa derivado del pachisi y similar al ludo y al parcheesi. Es muy popular en España. Se juega con 1 dado y 4 fichas para cada uno de los jugadores (de dos a cuatro, aunque también hay tableros para 6 u 8 jugadores). El objeto del juego es que cada jugador lleve sus fichas desde la salida hasta la meta intentando, en el camino, comerse a las demás. El primero en conseguirlo será el ganador. Para estudiar las reglas del juego pincha AQUÍ.

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¿Te atreves a soñar?

TRANSCRIPCIÓN

Ésta es tu línea de vida. Ahora estás en el presente. Has dejado atrás tu pasado y por delante está tu futuro. Si te preguntas a ti mismo cómo quieres que sea tu futuro, es fácil que tu respuesta sea: – “No lo sé. No tengo ni idea. Lo que sí sé, es lo que no quiero que me ocurra”. 

Lo normal es que sepas decir lo que te gusta y lo que no te gusta de tu presente. Y si te paras a pensarlo, te des cuenta también de lo que te gustó y de lo que no te gustó de tu pasado. Sin embargo, es más que probable que la incógnita sobre lo que deseas para tu futuro, permanezca.

En general, desde pequeños, nos enseñan multitud de conocimientos, pero no nos enseñan a confiar en nosotros mismos. Creer en ti, y tener claro lo que quieres, puede ser tildado por muchos de prepotencia. – “Hijo lo que hay que hacer es trabajar duro. Sacrificarse y aceptar tu destino. Soñar despierto, es una pérdida de tiempo”.

Tampoco faltará quien te recuerde que eso es como el cuento de la lechera. Curiosa fábula que alguien debió inventar para que los demás dejaran de soñar. Una pena, porque en realidad la forma de conseguir tu meta, es soñar con lo que quieres, ponerle fecha de caducidad a tu sueño y luego trabajar para alcanzarlo. Te puede ir muy bien en el futuro. Todo depende de lo que tú creas.

Lo primero que debes hacer, es tomar conciencia de algunos sencillos conceptos, entenderlos y ponerlos en práctica.

Empecemos por el concepto de zona de confort.

Esta es la zona metafórica en la que estás cuando te mueves en un entorno que dominas. En ella las cosas te resultan conocidas y cómodas, sean éstas agradables o no.

Por ejemplo, estar atascado todos los días en el tráfico, es estar dentro de tu zona de confort, porque es lo que conoces. Que tu jefe te machaque en la oficina, es zona de confort, porque es lo que conoces. Que disfrutes o pelees con tu pareja, es zona de confort, porque es lo que conoces.

Tus hábitos, tus rutinas, tus habilidades, tus conocimientos, tus actitudes y tus comportamientos, son también parte de tu zona de confort.

Alrededor de tu zona de confort, está tu zona de aprendizaje. Esta es la zona a la que sales para ampliar tu visión del mundo. Y lo haces cuando aprendes nuevos idiomas, viajas a países desconocidos, tienes nuevas sensaciones, enriqueces tus puntos de vista, modificas tus hábitos, conoces otras culturas, o te encuentras con nuevos clientes.

Es la zona donde observar, experimentar, comparar, aprender… Hay personas a las que esto les apasiona, y por ello frecuentan su zona de aprendizaje. En cambio, a otras les asusta, y para evitarlo, se mueven únicamente dentro de su zona de confort. Salir de ella, lo consideran un peligro.

Más allá de tu zona de aprendizaje, está la que llamamos la zona de pánico o la zona de no experiencia. Aquellos que no quieren que la transites, que suelen ser los que nunca salen, dicen que es la zona en la que pueden ocurrirte cosas gravísimas. Es como Finisterre, más allá, se acaba el mundo.

– “¡No salgas, que va a ser terrible!  ¿Y si te sale mal?”

– “Ya, pero, ¿y si me sale bien?”

Esto último lo dicen sólo los que consideran que esta zona es en realidad la zona mágica. La zona en la que te pueden ocurrir cosas maravillosas, que aún no conoces, porque todavía no has estado allí.

Es la zona de los grandes retos. Hay personas que creen que si salen a la zona mágica no podrán volver atrás, que su zona de confort desaparece. Esto es falso. Al salir lo que sucede, es que extienden su zona de confort y aprendizaje. Cambiar no significa que pierdes lo que tenías, significa que añades. El cambio es en realidad desarrollo.

Esto podría parecer miedo a lo desconocido, pero en realidad es miedo a perder. A perder lo que tienes, o aún peor, a perder lo que eres.

Lo siguiente que tendrás que tener en cuenta, es la tensión emocional y la tensión creativa. Operan como dos fuerzas opuestas. La primera tirará de ti hacia tu zona de confort, y la segunda te hará avanzar a hacia el exterior.

Para poder avanzar, tendrás que conseguir que tu motivación salga victoriosa frente a tus miedos. Te toca por tanto trabajar la tensión emocional, y especialmente los miedos que provoca salir de la zona de confort. Miedo al que dirán, miedo a fallar, miedo al ridículo y a la vergüenza. Deberás reconocerlos y enfrentarlos.

¿Te preguntas cómo puedes hacerlo? Cree en ti. Tú eres el protagonista de tu vida. Lo que tú no decidas, probablemente lo harán otros por ti. Al gestionar correctamente tus miedos, crecerá tu autoestima, y ésta te dará una nueva visión de la realidad, llena de oportunidades. Así podrás elegir mejor tu objetivo, tener claro cuál es tu sueño, buscar un qué, que te motive.

Luego, compararás tu punto de partida con tu destino, y es fácil que sientas como si encogieras. Es normal, estarás tomando conciencia de lo que te falta por aprender. Te será útil recordar tus orígenes, tus valores y tus principios, y que reflexiones sobre tu misión personal en la vida.

Para ayudarte a mantener la tensión creativa, y no ceder a la tensión emocional, será conveniente que pienses en tu misión personal. ¿Qué hay más allá de ese sueño? ¿Para qué quieres alcanzar tu sueño?

En cuanto transformes tus prejuicios limitantes, confíes en ti y en tu sueño, y entiendas por qué y para qué lo haces, habrá llegado el momento de pasar a la acción y dejar atrás tu zona de confort.

Experimentarás el placer de aprender a perseguir tus sueños. Puede que al principio te sientas poco competente y vulnerable, que pienses que es arriesgado. ¡No pasa nada! Eres humano, y no lo sabes todo, estás aprendiendo. ¡Enhorabuena! ¡Estás avanzando hacia tu sueño!

Lo que te falta para comenzar a recuperar tu sensación de competencia, es volver a tu zona de confort a por los recursos personales que sin duda tienes, y que con las prisas, olvidaste utilizar.

Coge los necesarios, ten paciencia con tu preparación. Confianza en tu objetivo. Prepara bien tu estrategia. Sé perseverante y positivo, y antes de lo que te imaginas, tu sueño, se habrá hecho realidad.

¿Te atreves a soñar?

(Transcripción realizada por Javier Martín, http://www.neoparadigmas.com)

La leyenda del espantapájaros

Érase una vez un espantapájaros que no tenía amigos. Trabajaba en un campo de trigo. No era un trabajo difícil pero sí muy solitario. Sin nadie con quien hablar, sus días y sus noches se hacía eternas. Lo único que podía hacer era mirar los pájaros. Cada vez que pasaban, él los saludaba.

Pero ellos nunca respondían. Era como si le tuviesen miedo. Un día hizo algo prohibido: les ofreció unas semillas. Pero aun así ellos no querían saber nada. Él se preguntaba por qué nadie quería ser su amigo. Así pasó el tiempo hasta que una noche fría, cayó a sus pies un cuervo ciego. El cuervo estaba tiritando y hambriento. El espantapájaros decidió cuidar de él. Tras varios días el cuervo ciego mejoró. Antes de despedirse el espantapájaros preguntó por qué los pájaros nunca querían hacerse amigos de los espantapájaros y el cuervo explicó que el trabajo de los espantapájaros era asustar a los pobres pájaros que sólo querían comer; eran unos seres malvados y despreciables, unos monstruos. Ofendido, el espantapájaros le explicó que él no era malo a pesar de ser un espantapájaros.

Una vez más el espantapájaros se quedó sin amigos. Esa misma noche decidió cambiar su vida. Despertó a su amo y le dijo que quería otro oficio, que ya no quería asustar más a los pájaros. Aterrorizado, el amo despertó a todos sus vecinos, les contó que el espantapájaros había cobrado vida y que esto sólo podía ser obra del diablo. Cerca del molino estaba el cuervo ciego. Sus compañeros le explicaron que los vecinos de la aldea estaban quemando un molino donde se intentaba esconder un espantapájaros con una bufanda muy larga. El cuervo ciego entonces les explicó que ese era el espantapájaros bueno, el que le había salvado la vida. Conmocionados por la historia, los cuervos quisieron salvar al espantapájaros pero era demasiado tarde y ya no podían hacer nada: el espantapájaros murió quemado. Los cuervos esperaron hasta el amanecer y cuando no había llamas se acercaron a los restos del molino, cogieron las cenizas del espantapájaros y volaron alto, muy alto y desde lo más alto esparcieron las cenizas por el aire. El viento llevó las cenizas por toda la comarca. Las cenizas volaron junto con todos los pájaros y de esta manera, el espantapájaros nunca volvió a estar solo porque sus cenizas ahora volaban con sus nuevos amigos. Y en recuerdo de la trágica muerte del espantapájaros, el cuervo ciego y todos sus compañeros decidieron vestir de luto y por eso desde entonces, en memoria del espantapájaros, todos los cuervos son negros.

Algo muy grave va a suceder en este pueblo (cuento de Gabriel García Márquez)

Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:

-No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.

Ellos se ríen de la madre. Dicen que esos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice:

-Te apuesto un peso a que no la haces.

Todos se ríen. Él se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Contesta:

-Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo.

Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mamá o una nieta o en fin, cualquier pariente. Feliz con su peso, dice:

-Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.

-¿Y por qué es un tonto?

-Hombre, porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo. 

Entonces le dice su madre:

-No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.

La pariente lo oye y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero:

-Véndame una libra de carne -y en el momento que se la están cortando, agrega-: Mejor véndame dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado.

El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar una libra de carne, le dice:

-Lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas.

Entonces la vieja responde:

-Tengo varios hijos, mire, mejor deme cuatro libras.

Se lleva las cuatro libras; y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo, en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto, a las dos de la tarde, hace calor como siempre. Alguien dice:

-¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?

-¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!

(Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.)

-Sin embargo -dice uno-, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.

-Pero a las dos de la tarde es cuando hay más calor.

-Sí, pero no tanto calor como ahora.

Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz:

-Hay un pajarito en la plaza.

Y viene todo el mundo, espantado, a ver el pajarito.

-Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.

-Sí, pero nunca a esta hora.

Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.

-Yo sí soy muy macho -grita uno-. Yo me voy.

Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde está el pobre pueblo viéndolo. Hasta el momento en que dicen:

-Si este se atreve, pues nosotros también nos vamos.

Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo.

Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice:

-Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa -y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.

Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, clamando:

-Yo dije que algo muy grave iba a pasar, y me dijeron que estaba loca.

FIN

Fuente: ciudadseva.com